La miré, estaba descalza sin importarle el camino y su apariencia, la misma de siempre esa mirada caída y su sonrisa rota.
La miré, estaba hecha pedazos, pequeños pedazos de 'nada', porque no había 'nada' que le importara, no había 'nada' que quisiera, no había 'nada' de su pasado ahora, mucho menos de su futuro. No había 'nada' que la detuviera...
Aun recuerdo cuando la miré, me dijo:
- "7 pisos es suficiente".